Una mujer imagina tan violentamente, que es como si viviera lo que imagina. Tal vez sea ella misma solamente cuando se sueña, se inventa, se sumerge en ese cine solitario de su pensamiento.
Una mujer está expuesta & casi siempre en carne viva, cicatrizando.
Tapándose las heridas para que no le echen vinagre sobre ellas. Los hombres no pueden resistir la tentación de echar vinagre en las heridas & ponen la escusa de intentar curarlas así.
Una mujer, aun derrotada, deshecha, desahuciada, arremete igual. Vuelve a empezar. Vuelve a repetir los gestos del amor, de la desolación, de la espera, de la pérdida, de la despedida, de la credulidad, del asombro.
& repite las mismas preguntas, una vez, mil veces, un millón de veces, aunque la respuesta no sea la buscada, la esperada, la necesitada, la que la resucite o la haga brillar. & seguirá preguntando incansablemente, insaciablemente. Seguirá preguntando: "¿Me querés?" "¿Me querés?" "¿Me querés?" .
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