sábado, 25 de junio de 2011

Un hombre..

Quién puede decir ciertamente lo que es un hombre. Qué siente. Qué piensa. A qué le teme. Qué es lo que más le interesa en la vida & en el mundo. Hasta dónde es capaz de amar sin pensar que está loco o que es ridículo.
Quién puede decir que realmente conoce a un hombre...
Quién puede decir que verdaderamente lo comprende...
A veces pareciera que sí, que es posible, que atravesando el complicado laberinto de su pensamiento uno ha llegado al fondo, a ese lugar secreto, escondido, protegido por los cinco sentidos... & lo ha encontrado... Pero un minuto después el se rebela, borra todas las huellas, tuerce las agujas del reloj, cambia de voz, mirada, se vuele hosco, lejano, inalcanzable ( o nos hace creer que cambia de voz , de piel, de convicciones & que se vuelve inalcanzable... ).
& otra vez estamos afuera.
Con un hombre nunca se está en camino. Siempre se está empezando a caminar...
No somos nosotras las que podemos apoyar la cabeza sobre su pecho seguro & descanzar... sino que son ellos los que terminan apoyando su cabeza en nuestro pecho & se quedan dormidos como niños. Un hombre... Qué dilema.
Amamos a un hombre & nos abrimos con una daga para darla el corazón desnudo en la palma de la mano. & el deja el corazón desnudo en la palma de nuestra mano, desnudo & tembloroso, porque tiene miedo de abrirse el pecho para cobijar ese corazón que se le está brindando.
& cuando oye que su propio corazón late solo, dice que está solo "que está solo como siempre", sin darle importancia al otro corazón que fue arrancado valientemente de su sitio & cada vez más debilmente le ofrenda su latido.
Es que... tal vez él no quería que le diéramos el corazón, tal vez él quería solamente una sonrisa & nosotras, exageradas como siempre, le dimos el corazón.
Es muy posible que él buscara simplemente una oreja para contarle sus penas, para darle, algunas veces, las palabras que excedan el recipiente... & nosotra, exageradas como siempre, le dimos nuestra vida.
Quizá tan solo quería tener cerca nuestro silencio, para poder pensar que estaba acompañado, & nosotras exageradas como siempre, le dimos todos nuestros pensamientos.
¿Acaso no es cuando no damos nada cuando más recibimos de un hombre? Acaso no es cuando damos solamente un poco de nuestra piel cuando recibimos todo de él?
¿Acaso no es cuando le damos solamente el silencio cuando recibimos su grito & su llamado, su pedido de rodillas, su lamento?
¿No es cuando le dejamos en ristre la duda, que nos ofrece todas las certezas, nos promete la luz, el agua, las estrellas?
& cuando vamos por nuestro camino, sin detenernos, él estira sus manos & quiere llevarnos a su camino. & cuando no lo vemos, quiere que lo miremos. & cuando no lo amamos, quiere amarnos & hace lo imposible para que dejemos caer sobre él una gota de amor.
Un hombre es un guerrero cuando lo obligamos a luchar sin tener la certeza del triunfo.
Busca que riamos cuando la tristeza nos atenaza el alma & una pequeña caricia de su mano serviría para disipar las sombras & las dudas. & quiere que volemos, cuando el mismo ha cortado nuestras alas...
Es por eso que no sé, verdaderamente no sé de quien nos enamoramos las mujeres: si de un hombre o de la idealización de un hombre que tenemos en nuestra mente.
Si de un hombre o de la imagen nuestra que vemos reflejada en el espejo de nuestro propio corazón.
& creemos que le teme a la soledad... pero él lo que ama en verdad es su soledad, & es eso lo que defiende... porque tal vez lo que un hombre verdaderamente teme es perder su soledad... esa soledad que le hace sentir que nadie va a cambiarlo, que es él mismo... & que un hombre no se da ni se comparte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario